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Paraná ¿alguien te vio nacer?

Sos la capital de mis emociones

Tus callecitas, ese fiel reflejo de mi autoestima

Nos conocimos perdiéndonos cuando la tarde se asomaba

Me enseñaste que para ver tenía que dilatar mis pupilas

Me conquistaste con tu ritmo descontracturado

y te amé fuerte cuando me hube enamorado

Con las agujas que ibas tejiendo tus mañanas, me pinchaste, solo un poquito pero lo

suficiente para empezar a desenredar mi trama

¿Quién iba a decir que vos la tan

rebuscada me ibas a orientar?

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Rayuela de mundos

El cruce de dos carreteras separan Paraná del Otro lado, la ruta gris con algunos tintes amarillos se eleva queriendo alcanzar el cielo pero en la cima cae con todo y deja atrás la ciudad de los cuerdos, las agujas del reloj que parecen jugarle una carrera al tiempo, los edificios vidriados y el circular del peatón cronometrado.
Ahí, abajo están los encerrados, tienen los pabellones separados por sexo y una pared gruesa pero hueca les sirve de frontera entre lo público y lo privado. Transitan libremente por los pasillos casi desolados que al mediodía se llenan de chaquetas médicas que caminan hacia la derecha para fichar y poder emprender la subida porque dicen que a la noche no le ganan por más títulos que tengan. Algunos se marchan antes de que el sol caiga, otros no pueden salir y bajan al subsuelo a hacer gimnasia, o se sientan a tomar mates y respirar aire verde en banquitos azulejados rodeados de pinos o van a tomar algo al bar. Al igual que los cronopios ellos están fuera del tiempo de los famas, pueden quedarse admirando el nacimiento de una flor, o danzando porque el día amaneció. Pero al final recurren a las esperanzas -eternas compañeras- que les prometen que un día se van a recuperar y poder ser famas y vivir del Otro lado.

Lisandro

Empezaste musicalizando colores y nos obsequiaste Azules Turquesas. Nos mostraste Ese Asunto de la Ventana y creaste la canción de amor más hermosa llamada La última prosa. Diste un giro de 39° y te hiciste cargo de mi luz. En esa vuelta se engendró Para vestirte hoy canción que le regalé a quien me dejó acariciar su voz y con quien festejé cada fragmento. Leímos Las Crónicas del Viento y en el capítulo 1 al alma le dimos de comer Azúcar del Estero. En el capítulo 2 Vi tu foto y no fui capaz de olvidarte. Nos sumergimos en el Mundo Anfibio, en ese líquido amniótico en el que seguimos nadando, nos desnudamos de espalda al sol y nos despedimos cayendo. Y aunque no estés aquí, se escuchan los gorriones. Todo se hunde en la noche. Produciste en vivo dos conciertos de los cuales amé las versiones de Blue y Plug del Sur. Y en las constelaciones del cosmos me diste todo lo que fui y me hiciste sentir como Un Rastro de percal. Simplemente agradecer que con tu música se puede romper el tiempo y viajar por los pedacitos de cielos donde fuimos felices. Gracias por la noche llena de pieles musicales y pasos de niño ❤

Ma chère

Es la noche, la esquina, la lluvia que gira. Soy yo mirándome ir. Es un extrañar (entrañar) cíclico, que duele. Golpearme con tu mundo. Sentirte ahí, pero cómo. Caer como la lluvia, despacio pero calando. Empaparme de vida y llanto. O no caer. Y ser la lluvia que gira, en una noche, en una esquina. Siempre ser en esa noche, en esa esquina.

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El miedo

El otro día dijiste que lo habían medido,

me asusté mucho porque pensé que ya se había ido.

Me acordé de una vez que sentí que lo toqué

y paré y en tu vientre me acosté.

Vos me dijiste que tenías miedo de que duela, entonces optamos por dormir.

Pero yo no pude, realmente no pude

y lloré mucho y me tapé la boca para que no me escuches

pero también te hablé contándote cuanto miedo me daba el tuyo

y vos media inconsciente te diste vuelta y me abrazaste, en ese entonces ya no me

abrazabas cuando dormía.

Me acurruqué como un bicho bolita y me hundí en el paraíso de tus pechos.

Después ya no hubo más que la vuelta al miedo.

Ella la dueña de los zapatos de la entrada

Ella la dueña de los zapatos de la entrada. Ella la que vuela, aterriza, hace escala, vuelve a volar, viaja en bus y llega retrasada, pero llega. La tan esperada. Su mirada revolotea en busca de “femmes blonde” y descubre que la reciben con carteles de bienvenida, que le empiezan a mostrar la afectividad argentina. Y sin pensarlo saludamos de manera francesa, pero a eso le agregamos un abrazo, cruzando cualquier barrera corporal, dejando aflorar nuestra cultura, nuestro amor apegado y con un gestito así, algunos dicen que transformamos. Sin problemas vuelve a viajar, ahora en auto y con mis abuelos- ellos predispuestos a llevar mis locuras, las de mi mamá y quién sabe cuántas más. Entre barreras idiomáticas igual nos logramos comunicar. Los sentidos se encienden, oye a Troilo cantar y reconoce que es el tango de acá. Los ojos vuelven a viajar entre edificios, plazas y todo tipo de arquitecturas eclécticas. De repente reconoce una esquina porque la vio en Google Maps, y aunque con la tecnología no seamos amigas, agradezco tanto que algo la sepa utilizar. Llegamos a casa y lasaña de carne le invitamos a degustar, aunque ella no sabe que Osiris la intentará asustar, primero le querrá robar la comida y luego a la noche la sorprenderá, mordiéndola y tirándole su celular. Pero él no sabe que eso a ella no la asustará. Se acerca y lo acaricia y al otro día ya juntos durmiendo están. En el medio de palabras españolas, francesas y por supuesto, las de inglés no quedan atrás, me siento viajera pero sin moverme de mi lugar. Y aunque la casa sea la misma, y la rutina siga igual, hay una chispita de alegría que se está empezando a gestar.

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Le nuit ancien

La noche se ha convertido en una hecatombe de dudas,

En una invasión de pensamientos pájaros,

En un volver a usted, digo a vos, quisiera decir al origen de las hipnofobias.

A la expresión que tanto me cuesta descifrar “la joie de vivre”,

A ese poema de Jaques Prévert arrojado a los basurales del olvido.

Al mate acompañando el sentimiento de no estar de tu lado,

Al reloj al que no le dejan de dar cuerda,

A la cita con el miedo,

A los pasajes de viajes cancelados,

A un cartel soñado que llevaba la palabra Courage,

A la terminación de tus labios,

Al cine de los martes,

A mis párpados cansados de insomnio (aunque querría decir) de repasarte .

Intertextualidades

Las palabras duermen en un bache del tiempo leí ayer en un libro que devolví y me acordé que el otro día cuando viajaba en fluviales oí: Ayer me habló y yo no le respondí. Que me clavó el visto? ¡No! Quisiera decir: que se colgó. O era ayer le hablé y no me contestó. O pero a la historia igual me la miró. O que las fotos nuestras las borró. O que ya no me siguió. No recordé y confundí lo que de esas dos chicas oí con la historia que subí y con la tuya que no vi. Y me puse a pensar en una de tus historias que me dolió, y en cuántos mambos nos hacemos hoy por cosas así. Y en las ganas de hablar y verte que me agarró. En los puchos que se van a consumir mientras estoy esperándote a vos, y en las incomodidades que todo esto generó. Que ya no sé cómo verte, que algunas calles me traen tu olor, que hay palabras que quiero decirte, pero otro bache me silenció.

F.G.P

Salir del departamento, de la televisión y sus informaciones sobre un mundo con una fecha de defunción próxima. Salir al frío, con la cámara, con los ojos y el centro desenfocado, con preguntas que no desaparecen a pesar de que afuera haya un cielo, quisiera decir, soleado. Caminar hasta desorientar las calles , la culpa, la vida… Llegar a la 59 y encontrarme, digo encontrarte y que de repente, broten nuestros yo viajeros, nuestro arte, nuestra percepción del mundo (traducida como alocada) que llama la atención a tantos. Dicen que escapamos, que somos irresponsables, que no podemos vivir de lo que nos gusta, que queremos joder a los seres queridos, que cómo no vamos a estar en las navidades y los cumpleaños, que nos vamos a morir de hambre y tantas cosas que no hacen más que alargar el comienzo del propio vuelo. Nos escapamos de la jaula en la que nos encerraron, le mostramos que la inestabilidad no es mala, que siempre va a haber alguien que se pare (hoy me tocó a mí detenerme) a ver nuestro arte y se va a llenar con él. Alguien que nos va a preguntar quiénes somos sin que nos de culpa no saberlo porque el otro tampoco lo sabe, alguien que se quede un rato observando cómo hacemos lo que más nos gusta y se maraville, que nos va a preguntar de dónde partimos para entender por qué estamos donde estamos, que va a escuchar nuestras tristezas, que nos va a enseñar algunas palabras de su idioma (que no tiene nada que ver con las lenguas de cada lugar), que nos va a abrazar fuerte como agradecimiento de nuestra compañía, que nos va a ayudar a encontrar el sentido ante esta angustia, que se va a detener a preguntar cómo estuvo el día, que nos va a enseñar a disfrutar el momento porque después si el azar no quiere nunca más nos veremos. Alguien que nos recargue de energías y ganas de seguir viviendo el viaje, quisiera decir, la vida. Y como dijo Fabián (alias “el colombiano”) a veces la gente quiere transmitirte una mala energía, pero yo no los dejo, porque allá en Colombia lo primero que nos enseñan es la risa. Gracias por ayudarme a hacer foco 💛